Ante el avance de las derechas en contextos de democracia liberal, se abren nuevos interrogantes sobre las limitaciones y el alcance de esta forma de organización política, social y económica. Las dudas y la debilidad se proyectan al plano de la arquitectura institucional internacional. La evidencia de democracias formales que operan desgastando los principios de igualdad y libertad son bien conocidos en América Latina y el Caribe, caracterizando las democracias de la periferia estandarizadas a la medida de las reglas y necesidades de los países centrales, democracias de baja intensidad que han sido contestadas por movimientos sociales y políticos que históricamente reclaman democracias sustantivas, inclusivas.
La sorpresa es que se ha caído el velo en las democracias liberales de los países centrales, en particular en EE.UU, mostrando de forma descarnada su vocación elitista, las múltiples exclusiones y su inclinación siempre presente pero pocas veces asumida, de satisfacer, ante todo las necesidades de las corporaciones, sirviéndose del aparato represivo del Estado como principal guardián de un orden establecido que muestra profundas grietas desde la década del ‘70 ¿Cómo afecta esto a América Latina? ¿Qué rol juega lo político en este proceso? ¿cuál es la reacción de la comunidad y los organismos internacionales?